Los terroristas de Londres manifiestan su decepción al encontrarse en el infierno en lugar del cielo que se les había nprometido.

 

“Aquí no corren ríos de leche y miel sino excrementos humeantes de criaturas que me atormentan. En lugar de aparearme con doncellas de pechos prominentes lo hago con cerdos con cofias de monja. ¿Es éste el premio que recibimos por combatir al infiel?”, cuestiona uno de los terroristas que mataron a siete personas e hirieron a otras 21 en Londres.

El alto pretor de los suplicios, Azazel, reflexiona sobre el desengaño de su huésped. “La verdad, no sé muy bien qué esperaba. Le he notado confundido cuando le he colgado bocabajo de un gancho y abierto su estómago para que hienas desdentadas escarben en sus tripas. Le pido que sea optimista. Tiene toda la eternidad para acostumbrarse”.

Guardar y salir

En la puerta del Pandemonium hay un cartel que reza: “Abandona la esperanza si entras aquí”. Sin embargo, tanto el atacante de Londres como el resto los terroristas suicidas, lanzan súplicas atormentadas que son sistemáticamente desoídas: “Nos prometieron el paraíso si reventábamos al infiel… Tiene que tratarse de un terrible error”, se lamenta el terrorista mientras un arcángel con gesto aburrido le arranca los ojos con un gancho incandescente-pustuloso y un demonio de Tasmania bicéfalo devora su bolsa escrotal.

Preguntado acerca de los próximos tormentos que esperan a los muyahidines suicidas, Azazel nos revela: “Vamos a ver qué tal responden al empalamiento doble cruzado de ano y boca con puntas romas bañadas en ácido. Así no afectan a órganos vitales y no se desangran. ¡Nos tienen que durar!”.

La imagen de portada “Infierno terrorista” es una transformación realizada a partir de la obra “surrealisticamente desesperado” de Guilherme Yagui usada bajo CC BY.

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