La exploración del recto es menos dolorosa que la vuelta al trabajo tras las vacaciones de Navidad. Así de contundente es el resultado de un estudio realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)

 

Según revela la investigación, los trabajadores pasamos por unas etapas comunes a las de los pacientes que sufren una exploración rectal.

1.Negación

Vuelta al trabajo: Odiamos la idea de aceptar las exigencias del jefe por un sueldo miserable.

Colonoscopia: Rechazamos la idea de bajarnos los pantalones para que otros hagan lo que quieran.

2.Rabia

Vuelta al trabajo: Aborrecemos a personas desconocidas que han saturado nuestra bandeja de entrada con correos.

Colonoscopia: Sentimos odio hacia enfermeros que nunca habíamos visto y que nos perforan el ano con un tubo y su camarita.

3.Negociación

Vuelta al trabajo: Entendemos que si sacamos el tajo antes del mediodía tendremos tiempo para tomar un menú de 10€ con postre casero.

Colonoscopia: Comprendemos que si nos relajamos lo suficiente podremos descubrir otras posibilidades placenteras.

 

4.Depresión

Vuelta al trabajo: Nuestra somnolencia nos irrita y miramos alrededor con rabia contenida. Nuestra mesa parece más oscura y sucia que nunca.

Colonoscopia: La sedación no ha funcionado del todo y notamos cada centímetro de tubo. Sin embargo, nuestra boca es incapaz de articular palabra.

5.Aceptación

Vuelta al trabajo: Consultamos ofertas de vuelos a destinos templados y nos congratulamos de hacer la reserva barata con tiempo.

Colonoscopia: Si somos hombres descubrimos el Punto G y si somos mujeres nos compramos un lubricante.

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