Tras anunciar su dimisión como portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid, la aristócrata fortifica su palacete para defenderse de un potencial asalto policial ordenado por la Justicia.

 

“Tener un pastor alemán y cámaras de vigilancia está bien si te buscan por evadir impuestos… Pero en mi caso particular necesitaré armamento pesado”, ha razonado la aristócrata. Entre las medidas de seguridad que ahora adornan su casa destacan torretas automáticas, un oso grizzly y minas antitanque.

Aguirre sabe que sus días de tranquilidad han terminado. Primero fue Francisco Granados y ahora Ignacio González. Todos sus hombres de confianza durante su etapa como presidenta de la Comunidad de Madrid han caído.  La Justicia le pisa los talones y sabe que pronto tendrá que rendir cuentas con su pasado. “No voy a recibir a los policías con una taza de café y pastas. Si deciden iniciar una guerra contra mí, tendrán que traer suficientes bolsas negras para guardar los cadáveres. Nunca me rendiré”.

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