Al grito de  Stirb ausgeburt!  («¡Muere engendro!»), neonazis alemanes han apaleado a Manuel Herrera en Düsseldorf. Paradójicamente, se había acercado a ellos con la intención de entablar amistad.

 

No corren buenos tiempos para el nazi que agredió a un hombre en Bilbao. Tras hacerse viral el vídeo de la agresión, su cara se ha vuelto famosa. Las redes sociales se inundan de memes y críticas. Y para colmo, una sentencia lo ha desterrado de Sevilla.

Por todas estas razones, ayer jueves decidió emigrar a Alemania. En cuanto aterrizó su avión en Düsseldorf, se dirigió al centro de la ciudad. Y, de camino, se cruzó con un grupo de neonazis. Según testigos presenciales, Manuel les saludó con la frase Sieg Heil! Y, tras llamar su atención, les mostró sus tatuajes: Un símbolo de las Waffen-SS en el brazo, el acrónimo AHTR de “Adolf Hitler tenía razón” en la espalda… En definitiva, pequeñas muestras de su devoción por Adolf Hitler y el Tercer Reich. Pero, lejos de despertar la camaradería entre los ultranacionalistas, estos gestos provocaron lo contrario: los neonazis vieron en él a una “aberración”, a un “subhumano con ínfulas arias”, y se liaron a golpes con él.

Así describe el agente Gotthard Schäfer  la escena dantesca que encontró al llegar. “En 30 años en el cuerpo jamás había visto una salvajada como ésta. Todo el mobiliario urbano de los alrededores lo han destrozado sobre su cuerpo. Y ahora nos tocará pagarlo de nuestros impuestos”. (SIGUE TRAS EL VÍDEO)

Al cierre de esta noticia, Manuel se encuentra todavía hospitalizado, recuperándose de múltiples heridas y contusiones. Su madre, que no se separa de él ni un instante, ha lanzado un mensaje de paz y concordia: “mi hijo es un santo varón que hace llorar a los ángeles. Pero el mundo es injusto y un juez alemán lo ha condenado de nuevo al destierro. En cuanto pueda mover un dedo del pie, tendremos que abandonar el hospital”.

Una condena, la de vagar por el mundo sin posibilidad de establecerse, que ha despertado la compasión y solidaridad internacional. Un centro de primates se ha mostrado dispuesto a acogerlo, a cambio de poder experimentar con él.

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