“Irse fuera enriquece, abre la mente y fortalece las habilidades sociales”. Con estas palabras, el ministro de Asuntos exteriores, Alfonso Dastis, anima a los jóvenes a emigrar a Trappist-1, un sistema solar a 40 años luz de la Vía Láctea.

 

Una invitación que ha tenido un efecto inmediato. En solo unas horas, el portal de inmigración de Trappist-1 se ha colapsado ante la demanda de decenas de miles de jóvenes parados solicitando visado. “Me piro porque acabo de cumplir 46 y estoy harto de que mi madre me tire la ropa”.

En una sesión de control al Gobierno, el diputado de Unidos Podemos, Pablo Bustinduy, ha culpado al PP de condenar a los jóvenes a un viaje incierto sin retorno. “Vamos a crear un círculo en Trappist-1 para luchar contra las medidas de austeridad que provocan esta desintegración familiar”.

Una acusación que ha sido desdramatizada por parte del Gobierno. “Su visión apocalíptica y demagógica no se ajusta a la realidad. Quienes se van muestran iniciativa y apertura a nuevos horizontes. Y ahora quiero dirigirme a los jóvenes que están emigrando. Adelante muchachos. Crucen esa galaxia como hace 500 años cruzamos el Atlántico. Dejen el pabellón bien alto y no olviden mandar una postal”.

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