Entre las nuevas especies descubiertas se encuentran anfibios, cefalópodos y un ave del Paraíso endémica de Nueva Zelanda que se creía extinta

 

“Estamos ante uno de los hallazgos de biodiversidad más importantes del último siglo. Es un sistema estable con parejas que garantizan la supervivencia de las distintas especies” -ha declarado Elizabeth Garrigues, doctora en biología responsable de la investigación.

El descubrimiento, realizado en un piso de estudiantes desalojado del madrileño barrio de Lavapiés, ha despertado el interés de la comunidad científica internacional. “Gracias a la acumulación de excrementos de toda índole se ha formado una biomasa residual que ha permitido a la vida abrirse camino”.

Consultados por los medios, los estudiantes han reivindicado su papel en la creación del nuevo ecosistema: “Un día llenábamos un cajón de la nevera de sangría y al mes teníamos toda clase de anélidos y batracios apareándose. No es el único ecosistema, sigan buscando porque hay más”.

Ante estas revelaciones, los investigadores han redoblado sus esfuerzos para abrirse camino entre la basura. “Hemos detectado unas zapatillas deportivas en el horno que podrían dar cobijo a pequeños mamíferos placentarios. También sabemos que los estudiantes montaron un secadero de embutidos en el baño pero todavía no hemos podido llegar hasta él”.

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